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ALIMENTO DIARIO
Cuando los que estaban con él se dieron cuenta de lo que pasaba, le dijeron: «Señor, ¿echamos mano a la espada?» Uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Pero Jesús les dijo: «¡Basta! ¡Déjenlos!» Tocó entonces la oreja de aquel hombre, y lo sanó (Lucas 22:49-51).
¿Traición? ¿Compasión? ¿Acaso estas dos palabras pueden coexistir en un mismo corazón? La noche en que Jesús fue apresado, no solo enfrentó la traición de uno de sus discípulos, sino también la de un amigo cercano. La traición se selló con un beso, un gesto de confianza que se convirtió en un puñal en la espalda.
Sin embargo, Jesús no reaccionó con ira ni con deseos de venganza. No permitió que la oscuridad de la traición nublara su juicio. En lugar de eso, en medio del dolor y la angustia, eligió la compasión. Cuando Pedro, impulsado por el miedo y la lealtad mal entendida, sacó la espada y cortó la oreja de uno de los hombres que venían a arrestarlo, Jesús no respondió con violencia, sino que tocó la herida y la sanó.
Este acto de compasión nos revela la profundidad de su amor y su misericordia. Jesús no solo perdonó la traición, sino que también sanó al traidor. En ese momento, la compasión prevaleció sobre la justicia. Esa noche Jesús nos dejó un ejemplo de cómo enfrentar la traición con amor y cómo transformar la herida en sanación.
Así, en la oscuridad de la noche, Jesús, la luz del mundo, nos mostró que la compasión es más poderosa que la venganza. Que incluso cuando somos traicionados, podemos elegir el camino de la misericordia, y que la luz de la compasión puede disipar las sombras de la traición.
Querido Señor, ayúdame a irradiar tu luz de compasión hacia todas aquellas personas que me causan dolor. Permíteme ser un reflejo de tu amor y misericordia incluso en medio de las heridas y el sufrimiento. Amén.
Para reflexionar:
*¿Cómo respondes cuando alguien cercano te traiciona?
*¿Cómo puedes manifestar el amor de Cristo en medio de las dificultades y el dolor?
Sra. Abigaíl Ramírez
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